sábado, 15 de diciembre de 2007

El árbol de la sabiduría.


Después de varios meses comiendo polvo en la biblioteca del pueblo, he conseguido encontrar y descifrar el diario de Maximus, el fraile que encontró el último fruto del árbol de la sabiduría.
Según la leyenda, Maximus habría encontrado el fruto en uno de sus viajes al extranjero y lo plantó en una colina, al pie de su tumba. Mentira, el diario dice que se lo comió por el camino, lo que le provocó una terrible diarrea. Las manchas indican que se limpió con una de sus páginas y la volvió a colocar en su lugar, el papel era muy caro y escaso en aquella época. Y en aquel improvisado retrete, en lo alto de una colina, se quedaron los restos del fruto. La tierra fértil, el abono y los años hicieron el resto. Y al fin lo tengo delante: grande, con el tronco y las ramas rectas y horizontales, repleto de colores que no puedo, ni me atrevo, a identificar, pues soy daltónico desde que empecé a estudiar en el parvulario.
¿Y ahora qué? En el manuscrito no pone si debo apoyarme en él o subirme a cualquiera de sus ramas. Si me subo y me caigo, me puedo dar un golpe en la cabeza, con el riesgo de contraer la amnesia y olvidarme de todo el conocimiento que el árbol me pudiera transmitir. Si me apoyo en él, a lo mejor no funciona, y ninguna sabiduría fluirá hacia mí. Al final he optado por sentarme en un sillón, justo debajo de la rama más grande. Y creo que funciona, me siento mucho mejor. Los ojos se me cierran, los sonidos se aprecian con más claridad y las imágenes comienzan a bailar en mi cabeza . .
Realmente no se si el árbol me está transmitiendo toda su sabiduría, o simplemente me estoy quedando dormido por efecto del vino y la fabada . . .

2 comentarios:

Maruja dijo...

Inconfundible!

Pequeno troiteiro dijo...

para cuando el próximo?